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La presente serie representa el viaje imaginario de un explorador en busca de la belleza formal atrapada por la geología sedimentaria que dibuja la naturaleza en siete de los principales exoplanetas descubiertos hasta el momento. Se trata de un experimento mental que busca crear un juego visual sobre lo posible, sobre los probables paisajes que esconden estos mundos de los que hoy sólo conocemos su existencia pero que todavía son inobservables debido a las vastas distancias que nos separan. Alejados de nosotros en tiempo y espacio, las lentes ópticas de nuestros telescopios son incapaces de distinguir los colores y texturas de sus superficies. Nuestros ojos tecnológicos, nuestra mirada artificial es todavía miope y no alcanza más allá de informarnos de su presencia allí arriba.


En este espacio borroso, el descubrimiento de lo inesperado ha sido siempre uno de los más poderosos catalizadores de la civilización humana. Nuestra cosmovisión ha sido sacudida por varios encuentros con lo imposible, pero ninguno como los dos hechos que catapultaron el Renacimiento: la mirada a las estrellas que produjo la caída del geocentrismo y el viaje suicida a través del frío mar – protagonizado por hombres que temían precipitarse en las infinitas cascadas del mundo- que reveló la existencia de algo desconocido y completamente inesperado. Antes de que esto ocurriera, antes de que estos dos límites fueran demolidos, Pierre d’Allí publicó en 1402 su célebre Imago mundi, una cosmografía, un retrato de la tierra y el cielo que pretendía recoger lo que entonces representaba la totalidad del mundo.


Del mismo modo con Imago alius mudi -la imagen de otros mundos- el artista pretende anticiparse por medio de la potencia creativa a lo inesperado de esas realidades que quizá un día lleguemos a conocer. El deseo de, simplemente, echar una mirada a algo completamente diferente no será saciado por el hombre del presente, pero la impaciencia puede descansar un momento a través del arte.


Cada una de las obras que componen esta serie representa una selección de muestras geológicas recopiladas en este viaje de siete paradas que recuerda místicamente a los siete momentos de creación de la vieja cosmogonía babilónica. Siete instantes en los que el mundo mostró siete rostros distintos.


El observador, al igual que el explorador mismo, se ve obligado a dar sentido a cada una de ellas, a imaginar el mundo del que ha sido extraída y a explicarse el fenómeno natural que la ha podido producir.
La intención profunda de la colección es la de lanzar un reto en el que surja la duda de si el objeto que tenemos delante es fruto de una posibilidad natural, de la creación de una inteligencia humana o quizá algo mucho más complejo.

¿Son estos planetas pura desolación o la huella de un arte diferente? ¿Por qué estos fragmentos de tierras nos resultan bellos? ¿Por qué su armonía matemático-geométrica nos produce placer estético? ¿Por qué los ha escogido el explorador? ¿Por qué los niños recogen algunas piedras en la playa y otras no? ¿Dónde radica la fuente de lo sublime en lo natural?


No hemos encontrado todavía vida o inteligencia en los planetas que nos rodean… pero en todos ellos hemos hallado belleza.

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